Pero si aquel niño -fíjaos en esto-, hubiese podido escuchar estas quejas sobre su hogar estrechísimo, nos habría advertido con una voz firme y resuelta: "pero de las paredes colgaban cuadros, sobre la cómoda había hermosas tazas y estatuillas de vidrio...

Pero la pequeña habitación me parecía grande y rica..." Pues aquel niño era capaz de ver -¡con qué mirada penetrante y pura!- la extraña belleza que se oculta en todas las cosas, aun en las más pequeñas, en las más desdeñables.

 

 

 


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