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El jurado declaró un empate en esta categoría. Seleccionó los textos de Araceli, 10 años, México DF, México y de Ramiro, 10 años, Buenos Aires, Argentina. Y los chicos y escritores ¡no coincidieron con el jurado! Eligieron a María Emilia, 10 años, 9 de Julio, Argentina y a Aldana, 10 años, Paraná, Argentina. Araceli, 10 años, México, México
Hola, soy Celeste, tengo 19 años y soy estudiante de 3º semestre de Literatura en la Sogem. “Estaré en un pueblo encantado” me pregunté dando rienda suelta a mi imaginación. -Hola, soy Celeste, estoy perdida y una señora llamada Lucía me dijo que tú me podías ayudar. -En ese caso dame la lujosa-. dije Un día platicando con Alfonso me contó que se había corrido el rumor de que había un ladrón de mascotas que se los vendía a un laboratorio que experimentaba con los inocentes animalitos y que temía por Harry. Le dije que no se preocupara que si era necesario, arriesgaría todo por él.
En la noche soñé con que se llevaban a Sandy, me asusté mucho, pero me horroricé cuando en la mañana una niña avisó que había salido a caminar y que su perico había desaparecido, lloraba desconsolablemente. “¿Quien será capaz de esta atrocidad?” pensé Nadie sospechaba de nadie y nadie mostraba una actitud sospechosa. Me contó que habían forzado la puerta de su casa y que cuando llegó había un intruso que se fue corriendo en cuanto lo vio, que dejó gotas de sangre por lo que sospecha que Harry lo lastimó. Ayudé a curar al gatito y Alfonso me dio un paquete de galletas en forma de agradecimiento, me acompañó a la casa de Fernando y me dejó ahí, abrí la puerta y ¡¡¡¡¡¡SANDY NO ESTABA!!!!!!!! Me dijo que si quería ir a su casa para compartir información. Le dije que sí y en el camino fui pensando quién podría ser el ladrón. La niña pudo haber vendido al perico y luego hacerse la sufrida, pero descarté es posibilidad porque la niña en verdad parecía encariñada con el perico. Le comenté todo eso a Alfonso, sin embargo no pudimos deducir quién era el ladrón. Regresé a la casa cuando oí ladridos enfurecidos, rápidamente me dirigí donde sonaban y vi cómo el intruso cogía a una french poodle y al verme salió corriendo, me empujó y al caer me di cuenta de que aquel sinvergüenza llevaba un zapato roto.
No lo pude seguir ya que sentí un terrible dolor en la muñeca en la que me había apoyado. Si a tu querida mascota quieres encontrar Si a tu querida mascota quieres encontrar Estuve toda la mañana quebrándome la cabeza y ya son las 6: 00 y no sé quién es el ladrón. Para colmo llueve.
Uno 30 min. antes de mi cita con el ladrón me di cuenta de quien era: Fernando.
Sí, él, tenía las llaves de todas las habitaciones y su zapato roto también ya lo había visto. La lluvia me golpeaba en los hombros y no sabía qué hacer, entonces… Era la policía, lo que hice fue llamarla desde que descubrí que era él. Sabía que no podría sola. Mientras lo entretuve y entonces llegó la policía. Lo arrestaron y va a tener un juicio justo. FIN Ramiro, 10 años, Buenos Aires, Argentina
Hace exactamente 32 años, 5 meses y 6 días en un pequeño pueblo llamado “Cúreas” habitaba un hombre llamado Village. Él era gentil, amable y bondadoso, sus características físicas eran: Una tarde de tormenta, un campesino del pueblo se sorprende al ver un cuerpo colgado de un mural, clavado con estacas y sangrando, el campesino salió corriendo con un pánico que no le dejaba respirar. A la mañana siguiente, cuando lo reciben los científicos, murmuran:-
El gobierno del pueblo decidió, integrar al caso un detective de primera clase llamado Jonh Lefary. Lo primero que pronunció fue:- ¡ya tráiganme todas las pistas!. –Sí señor- dijo un policía de 2da clase, y le trajo el zapato, el paquete de galletitas y la bola de pelo, Jonh la inspeccionó y murmuró –¡caso resuelto!, ¡llamen al padre de Jessica y al dueño de los cultivos. El primero en llegar fuel Village con cara de triste anciano diciendo:- que tal señor Lefary, he oído sobre usted, se insinúa que es un gran detective -. No perecía decirlo con toda sinceridad aunque Jonh fingió creerle diciendo:- muchas gracias Sr. Village, quisiera hacerle unas preguntas:- ¿dónde estabas cuando apareció el cuerpo de Jessica colgado? – la verdad es que no lo recuerdo – dijo village con cara de poco interesado en el tema – lo único que recuerdo es que cuando recibí la noticia, no tenía palabras qué decir-. -Por favor ¿me acompañaría hasta su casa? Dijo Jonh tomándolo de la espalda – por su puesto Lefary-
Al entrar el detective fue directamente hacia el cuarto de Village, abrió el placard y... la respuesta a todo había un zapato idéntico al que estaba en la escena con agujeros - ¿qué hace esto aquí Sr.? Dijo Lefary – no lo sé, jamás lo había visto- dijo Village fingiendo cara de impresionado. – sí, como diga señor Village, que le vaya bien en la cárcel, adiós- los policías se lo llevaron sin piedad, a la fuerza, pero.... ¿por qué asesino a su propia hija? La respuesta es que Jessica le traía terribles problemas económicos y encima a ella no le interesaba nada – yo creo que esos no son motivos para un asesinato- dijo Jonh, - pero... cada loco por su tema ¿verdad? – Y en ese momento se aclaró todo... Village había robado los cultivos y ganadería para cubrir sus deudas, la bola de pelo era pelo de Jessica arrancado por su padre antes de matarla, se le había caído en el momento del robo, el paquete de galletas eran las últimas que comió Jessica antes de morir, se las llevaba de recuerdo...
María Emilia, 10 años, 9 de Julio, Argentina
En un pueblo diminuto llamado 9 de Julio una tarde de tormenta pasó algo terrible, una mujer muy rica fue asaltada y asesinada en su casa, le habían robado siete collares de perlas muy valiosas y 12 mil pesos. Llamaron a un investigador muy serio, le dijeron lo que había ocurrido. Lo más valioso que decía tener la señora era un gato bizco. Por suerte su gato estaba escondido en su casita. Ahora lo único que faltaba era saber quién la había matado. Una niña la tarde del asesinato vio entrar al hombre más gordo del pueblo.
Las pistas que encontraron eran: un paquete de galletas y un vestido lleno de sangre y un zapato roto. Las pistas podían ser falsas, así que fueron a investigar. El señor gordo dijo que había llevado galletas. Le preguntaron si había perdido algún zapato roto y él les dijo que sí. Le preguntaron cómo lo había perdido, él les dijo que se le había enganchado en el mueble de la cocina. El señor gordo dijo que había visto 30 minutos después salir a Néstor Befre salir de la casa con una bola de pelo. Fueron a la casa de Néstor y les hicieron un interrogatorio. Le preguntaron si había asesinado a la mujer y él dijo que no. Le preguntaron qué había ido a hacer a la casa. Les dijo que había ido a entregar un vestido y cuando llegó, la mujer ya estaba muerta. Le preguntaron si había querido hacer algo para limpiar la sangre y él dijo que la había querido limpiar con el vestido. Entonces dijo que había visto matar a la mujer que había sido el gordo. Al gordo lo condenaron a 65 años de prisión.
FIN Aldana, 10 años, Paraná, Argentina
Era la tarde del 19 de Agosto, y el caso se presentaba en esa tarde tormentosa, en la que lo único que se escuchaba eran ruidos de truenos.
Los sospechosos: 3. Uno: un ladrón, cual se había equivocado de casa para allanar, y creyendo que el gato sería capaz de delatarlo. Dos: la vecinita de al lado, una niña muy caprichosa, cual siempre odió al gato, porque era mucho más bonito que el Señor Pepito, su gato. Tres: el señor más gordo del pueblo, vecino de enfrente, ya que detestaba sus maullidos fuertes a la hora de la siesta, y declaró que haría cualquier cosa con tal que se callara. Las pistas: una bola de pelo, un paquete de galletitas, un zapato roto y unas marcas de pisadas, que, por bastante confundir, conducían a dos casas de la escena del crimen, donde vive un reconocido artista local: Don Chiquilín.
Pero un día desafinó horriblemente y ahora no sólo perdió su fama, sino su reputación.
Resolución
El jurado eligió a Daniela, 12 años, México, México, como ganadora. Los chicos y escritores también votaron por su texto.
Era una tarde nublada pero calurosa de verano en Pizcornia. Pizcornia es un pequeño pueblo pintoresco y sólo está habitado por unas trescientas personas lo que nos permite tener un ambiente bastante bonito y pacífico, aunque claro, hemos llegado a tener ciertos problemas pero nada del otro mundo. Yo estaba muy cómodamente acostado en mi camita de algodón y Priscila, mi dulce dueña, estaba horneando unas deliciosas galletas de chocolate con chispas con su hermano Tomás quien le estaba ayudando a empaquetarlas, para luego venderlas entre los residentes del pueblo y comprarse unas súper lujosas y muy caras bicicletas que habían visto en una tienda cerca del centro. ¡Ding-Dong! Afuera de la casa los esperaban sus amigos Juan, Pedro y Lucía que habían planeado ir a jugar football al parque con ellos. Tomás y Priscila salieron corriendo de la casa. Lo hicieron tan rápido que se les olvido cerrar la puerta y sus padres no estaban en la casa para cerrarla. El delicioso aroma de las galletas recién horneadas se podía oler desde la calle. Priscila y su hermano se estaban divirtiendo ¡muchísimo! pero comenzó a chispear y tuvieron que regresar. Para cuando llegaron a su casa ya había comenzado toda una tormenta. Los niños se llevaron una gran sorpresa al ver que ¡las galletas habían desaparecido! y lo único que quedaba era el paquete que los niños usaban para meter las galletas que se les rompían al sacarlas del molde. Sin consuelo alguno Priscila y Tomás se pusieron a llorar. Como la mascota de la familia no podía soportar ver a mi dulce Priscila llorando por el acto de un criminal sin sentimientos, así que de inmediato fui a despertar a mi ayudante, el gato bizco de la vecina más chismosa del pueblo que siempre me regañaba por cavar agujeros en su jardín, pero no es mi culpa, soy un perro, está en mi naturaleza. Bispireto tenía una apariencia muy inocente, especialmente por ese problemilla con sus ojos, pero en realidad es todo un genio y aunque mucha gente ignorante dice que los gatos y perros no se llevan bien, Bispireto y yo somos los mejores amigos y también somos detectives profesionales. En nuestro caso pasado ayudamos a la dueña de Bispireto a averiguar quién había maltratado sus rosas, obviamente me culpó a mí, pero había sido Lou, el gato de Pedro, que estaba intentando cazar una rata que lo había estado fastidiando desde una semana atrás, pero esa es otra historia. Encontré a Bispireto jugando con una bola de estambre y le dije:
-Bispireto no es tiempo para juegos, hay un misterio muy dulce que debemos resolver, está vez no es una metáfora. Una vez en la cocina note que Priscila ya no estaba llorando aunque aun se veía un poco deprimida, eso me dio mayores razones para comenzar a investigar. Este inicio no fue muy alentador porque el criminal no había hecho ningún cambio en la cocina, sólo que el horno donde estaban horneando las galletas estaba apagado y Priscila, muy descuidada por cierto, lo había dejado encendido, bueno, también está el detalle de que las galletas no están. Al principio sospeché del señor Hoskings que no es sólo el señor más gordo del pueblo, sino que también es muy famoso por ser adicto a las galletas de chocolate, pero como dice la gente ¡no puedo culpar a alguien sin antes tener hechos que respalden mi acusación! Necesitaba salir a tomar aire y le pedí a Bispireto que me acompañara porque el aire fresco me ayuda a acomodar mis ideas. Al salir de la casa notamos que había unas marcas de algo que podría ser una bicicleta o un monopatín, pero no les hicimos mucho caso. Decidimos dar un paseo por el parque y detrás de un árbol vimos lo que parecía ser la forma de un perro escondido detrás de unos inmensos robles. Y sí. Era mi viejo amigo Rotni, el perro de Maria y su hermanita Zara, un Coquer Spaniel algo travieso y energético. La forma en la que se encontraba escondido y nervioso era bastante sospechosa así que decidimos ir a interrogarlo.
-Buenas tardes Rotni ¿Cómo has estado? -Ah sólo eres tu Chuk ¿Qué cuentas? -Básico mi querido Bispireto, Rotni es bastante corto de estatura y él no llega a alcanzar el botón para apagar el horno, que como ya había mencionado, Priscila había dejado encendido. Además las marcas de monopatín aparecieron hoy y es imposible que cualquier mascota del vecindario se haya subido al monopatín y conducirlo hasta mi casa, así que de lo que estoy seguro es que el criminal no es un animal. Bispireto y yo fuimos a casa de Rotni y para nuestra suerte llegamos justo cuando ellos se estaban yendo y parece ser que no volverán hasta dentro de una hora. Primero intentamos por la puerta principal pero estaba cerrada, si a Bispireto no le hubiesen cortado las uñas hubiera podido utilizar una de sus garras como llave, pero no fue así. Después intentamos buscar una puerta para perro, pero claro, Rotni es tan inquieto que tenerlo en la casa sería como una bomba a punto de estallar. No tuvimos más opción que entrar por la ventana, pero como estaba tan alta Bispireto tuvo que trepar a un árbol y después de un salto espectacular alcanzó hacia la ventana. Como muchos sabrán los perros no podemos escalar, así que Bispireto tuvo que entrar solo y yo me quedé a vigilar. La cocina era bastante amplia, tenía las alacenas hechas de madera y la pared estaba forrada por una piedra de color rojo brillante llamada Tikul. En el centro de la cocina había una mesa rectangular que tenía unos cuadros de cristal en las orillas. Antes, en mi casa, teníamos una mesa similar, pero la mamá de Priscila prefirió venderla porque era mucho trabajo tener que lavar los cristales para limpiarlos cada vez que acababan de comer. Bispireto estaba inspeccionando unas bolsas que había sobre la barra y no encontró nada de interés. A un lado de las bolsas había un frasco de barro para las galletas con forma de una vaca cocinera y estaba semi llena con las galletas de Priscila y su hermano y atrás del frasco estaba un paquete recién abierto de las mismas galletas.
Bispireto salió corriendo de la cocina, brincó a una rama del árbol y saltó hacia el suelo y como todo buen felino, cayó de pie. Creo casi imposible que Maria y su hermana hayan tomado las galletas porque María estaba en la casa de su primo en San Luis y Zara sólo tenía 3 años y sus padres la vigilaban como unos buitres que acababan de encontrar a su presa. Al ver que no progresábamos mucho me tuve que arriesgar a preguntarle a uno de los espías más audaces y tramposos del pueblo. Kiviky un colibrí que le gustaba escuchar las conversaciones secretas de las personas para después amenazarlos con publicar sus secretos. Encontré a Kiviky escondido en un callejón oscuro. El colibrí estaba planeando el modo de entrar a la casa del señor Hoskings para ver qué secreto le podía sacar a su hijo Peter. -Aaah….. Chuk. ¿Qué hace alguien de tu clase por esta zona? Lo dijo en un tono burlón bastante fastidioso. Con sólo eso como pista regresamos a nuestras casas. Ya era de noche así que llegué directo a mi cama y supongo que Bispireto hizo lo mismo porque de pronto comenzaron a escucharse unos ronroneos seguidos de unos fuertes ronquidos. Yo no podía dormir, estaba tratando de descifrar el acertijo que Kiviky me había dado: “deben observar que las respuestas de un sólo lado están”. De un sólo lado… mmmm… qué significará “un lado” puede ser “los buenos y los malos”, puede ser “derecho o izquierdo”. Sin darme cuenta el sueño me venció y me quedé profundamente dormido.
A la mañana siguiente me levanté justo cuando los niños se iban a la escuela en bicicleta. Antes de salir su mamá les gritó: “Niños recuerden ir de un sólo lado de la calle por que si van de un lado a otro los pueden atropellar”. Claro. Cómo pude haber sido tan poco observador. Las galletas estaban dispersas únicamente por el lado derecho de la acera así que tengo que ir a interrogar a las mascotas que habitan de ese lado de la acera. Estaba a punto de irme pero la mamá de Priscila lo notó y no me dejó ir. Me cargó, me olió y dijo: “Por dios Chuk hueles terrible necesitas un baño urgente”. Odio que me bañen, además estoy en medio de un caso y no tengo tiempo para esto. Por más que me resistí no pude escapar. Primero me llevó a la elegante tina del baño me metió y me hecho agua helada con una manguera. -Basta. Basta. El agua está helada porque no entiendes me va a dar pulmonía. Cielos. Qué te pasa. Me voy a enfermar. Me desespera el hecho de que no me puedas comprender. No tuve más opción que aceptarlo. Después del congelado baño me secó un poco con la toalla y me pasó un cepillo. Eso no estuvo tan mal, se sentía como un masaje. Luego vino lo realmente feo, la mamá de Priscila está obsesionada con todo eso de vestir y de ponerle moñitos a los perros. Si al menos me vistiera con un traje de detective, aunque no me sentiría muy cómodo, no me humillaría tanto. Pero no. Me puso un horroroso traje de marinero con un sombrero blanco, tengo suerte de no ser perrita sino me hubiera vestido con un traje de la Cenicienta o algo así. Para acabar de humillarme cuando regresó Priscila de la escuela le dijo que me llevara a dar un paseo y así lo hizo. Todos se burlaban de mí al pasar, incluso Bispireto me dijo: “Hola marinerito ¿Dónde dejaste tu barco?” Primero sólo le dimos una vuelta a la calle después me llevó al parque y yo sentía que se me caía la cara de vergüenza, como iba a ser un detective respetado si me humillan de esta manera.
Pasamos por la calle donde viven Rotni y el señor Hoskings. Priscila se paró a descansar. Yo hice lo mismo, pero cuando nos íbamos pude ver que Peter Hoskings estaba saliendo de su casa en un monopatín. Y afuera de su casa había unas marcas muy similares a las que habían aparecido afuera de mi casa. Yo comencé a ladrar. Tenía que ir a investigar. Tenía el presentimiento de que la respuesta estaba en la casa de Peter. Yo habría salido corriendo detrás de Peter pero no pude por que una cadena me detenía del cuello. Esa cadena a la que muchos temen. Esa simple cadena era lo único que había entre las respuestas y yo ¿Por qué los humanos no entienden? ¿Por qué no se esfuerzan por escuchar a los demás? Si cuando menos lo intentaran el mundo sería mucho más sencillo ¿Por qué ni siquiera se pueden entender entre ellos? yo estaba enojado pero no podría liberarme al menos que mordiera a Priscila pero quiero tanto a esa niña que sería incapaz de lastimarla. No tuve más opción que tranquilizarme y obedecer. Dejé que Priscila me cargara y me llevara a casa. En cuanto llegue fui a quitarme la horrorosa ropa y corrí a casa de Bispireto. Bispireto alcanzó a Peter en el centro y fingió que lo había atropellado con el monopatín. Al ver lo que pasó, Peter se bajó del monopatín para ver de cerca a Bispireto. Bispireto empezó a maullar de un modo muy triste y dramático, después dobló su pata derecha delantera y se la empezó a lamer. Peter pensó que se la había roto así que lo cargó y lo llevó a su casa. Mientras tanto yo había descubierto el modo de llevar a Priscila y a su hermano a casa de Peter. La fiesta de 12 años de Priscila iba ser dentro de una semana y ella se había comprado unos bonitos zapatos rosas con diamantina, pero Tomás accidentalmente había roto el seguro de uno de ellos y para arreglarlo intentó pegarlo con silicón, pero no tuvo paciencia y le puso el otro zapato encima cuando el silicón seguía fresco y se quedó pegado. Para despegarlo se le ocurrió jalarlo pero la tela se le desgarró dejándole un enorme agujero. Obviamente Priscila se enfadó, pero su mamá dijo que los podían llevar a arreglar a una zapatería. Frente a Priscila tomé el zapato roto y salí corriendo asegurándome de que me siguieran. Y así fue, corrí hacía la casa de Peter con Priscila y Tomás detrás de mí. Bispireto y Peter ya habían llegado y dejaron la puerta abierta así que corrí a la habitación de Peter. Peter le estaba dando una de las galletas a Bispireto en la cocina. Yo puse el zapato roto al lado de unas diez cajas de las galletas pero Priscila y Tomás todavía no llegaban así que me asomé por la ventana para que pudieran verme y subieran por mí.
-Chuk vuelve aquí perro desobediente. Los niños tardarían unos dos minutos para llegar y Bispireto mantuvo ocupado a Peter. Eso me dejó tiempo para observar la habitación. Estaba pintada de color azul claro, tenía unos estantes de madera en forma de barco donde estaban guardados unos juguetes. Había una cama inmensa con unas sábanas blancas con azul. En la pared había varios cuadros de barcos. Detrás de Priscila llegó Tomás. Tomás vino directo hacía mí y Priscila fue a recuperar su zapato roto y se llevó una gran sorpresa al ver los paquetes de galletas. Después de eso Peter y Bispireto se fueron a comer a mi casa para celebrar que encontraron las galletas. En forma de agradecimiento me regalaron un enorme hueso de carnaza que no resistí a enterrar en el jardín de Bispireto y una salchicha que me comí al instante. A Bispireto le dieron una bola de estambre morada y una lata de comida para gatos. Peter, Priscila y Tomás se pusieron a vender las últimas cajas pero sólo les alcanzaba para comprar dos bicis, así que en vez de comprarse las súper lujosas bicis decidieron comprar tres más baratas porque no sería justo que Priscila y Tomás tuvieran dos lujosas bicis y Peter se quedara sin nada.
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