Te presentamos más cuentos ganadores:

 

El jurado declaró un empate en esta categoría. Seleccionó los textos de Araceli, 10 años, México DF, México y de Ramiro, 10 años, Buenos Aires, Argentina. Y los chicos y escritores ¡no coincidieron con el jurado! Eligieron a María Emilia, 10 años, 9 de Julio, Argentina y a Aldana, 10 años, Paraná, Argentina.

Araceli, 10 años, México, México
MASCOTAS, INOCENTES MASCOTAS

Hola, soy Celeste, tengo 19 años y soy estudiante de 3º semestre de Literatura en la Sogem.
Soy una persona soñadora, pero no vine a contarles sobre mí, sino sobre lo que me pasó la semana pasada, decidí irme de vacaciones de Semana Santa, a Veracruz, con mi perrita Sandy pero en el camino se me ponchó una llanta y gracias a una señora llamada Lucía logré llegar a un pueblo diminuto tan chico que no tiene nombre y que si aparece en algún mapa lo podrías confundir con una basurita. No había hoteles ni posadas (Claro, quién iba a llegar hasta ahí) pero la señora me dijo que había un chavo llamado Fernando, lo podría encontrar 10 casas al frente y 2 a la derecha, el ayudaba a viajeros perdidos cómo yo (por no decir “no previsores” por no llevar llanta de refacción) se lo agradecí y caminé hasta allá, mientras caminaba me di cuenta de que ni un alma rondaba por ahí.

“Estaré en un pueblo encantado” me pregunté dando rienda suelta  a mi imaginación.
Sin embargo si encontré a Fernando, un chico muy amable y un poco guapo que traía a un montón de chicas halagándolo cómo si fuera la 8ª maravilla del mundo.

-Hola, soy Celeste, estoy perdida y una señora llamada Lucía  me dijo que tú me podías ayudar.
-Bueno, si, ahorita tengo 2 habitaciones, la sencilla y la lujosa, la sencilla en $50 la noche y la lujosa en $100, pero te hago un descuento del 20%.

-En ese caso dame la lujosa-. dije
Me condujo a una habitación azul con cama matrimonial, tele y un mini componente.
-Bueno, bienvenida Celeste-. Me dijo
Pronto conocí a mucha gente, Alfonso, el señor más gordo del pueblo , su esposa Samantha y Harry su gato bizco se volvieron mis mejores amigos. Lilibeth, una seguidora de Fernando, también me cayó bien.

Un día platicando con Alfonso me contó que se había corrido el rumor de que había un ladrón de mascotas que se los vendía a un laboratorio que experimentaba con los inocentes animalitos y que temía por Harry. Le dije que no se preocupara que si era necesario, arriesgaría todo por él.

En la noche soñé con que se llevaban a Sandy, me asusté mucho, pero me horroricé cuando en la mañana una niña avisó que había salido a caminar y que su perico había desaparecido, lloraba desconsolablemente.

“¿Quien será capaz de esta atrocidad?” pensé
  Después de 5 días varios chicos investigaban el caso y habían desaparecido: un gato, un perro, el perico, un mono y una guacamaya.

Nadie sospechaba de nadie y nadie mostraba una actitud sospechosa.
Después de que desapareció un labrador salía a todos lados con Sandy.
Un día me llamó Alfonso muy preocupado y me dijo que fuera de inmediato, se oía tan preocupado que dejé a Sandy y salí rapidísimo hacia su casa.
-Es Harry,- me dijo-está malherido.

Me contó que habían forzado la puerta de su casa y que cuando llegó había un intruso que se fue corriendo en cuanto lo vio, que dejó gotas de sangre por lo que sospecha que Harry lo lastimó. Ayudé a curar al gatito y Alfonso me dio un paquete de galletas en forma de agradecimiento, me acompañó a la casa de Fernando y me dejó ahí, abrí la puerta y  ¡¡¡¡¡¡SANDY NO ESTABA!!!!!!!!
Me fijé y la puerta no estaba forzada ni nada por el estilo. Entonces sonó el teléfono. Era Alfonso.
-Harry no está-. Dijo entre sollozos
-Ni Sandy-. Agregué

Me dijo que si quería ir a su casa para compartir información. Le dije que sí y en el camino fui pensando quién podría ser el ladrón. La niña pudo haber vendido al perico y luego hacerse la sufrida, pero descarté es posibilidad porque la niña en verdad parecía encariñada con el perico.
Y si  era Alfonso el ladrón, también descarté esa posibilidad porque no había entrado en mi habitación y no sería capaz de hacerle daño a Harry.

Le comenté todo eso a Alfonso, sin embargo no pudimos deducir quién era el ladrón. Regresé a la casa cuando oí ladridos enfurecidos, rápidamente me dirigí donde sonaban y vi cómo el intruso cogía a una french poodle y al verme salió corriendo, me empujó y al caer me di cuenta de que aquel sinvergüenza  llevaba un zapato roto.

No lo pude seguir ya que sentí un terrible dolor en la muñeca en la que me había apoyado.
Bueno, al menos ya tenía algunas pistas: el ladrón podía entrar en los cuartos libremente y llevaba un zapato roto.

En ese momento debí de haber sabido quien era pero estaba tan preocupada que no pude pensar.

En ese momento tocaron la puerta y en cuanto la abrí no había nadie ahí sólo una nota que decía así:

Si a tu querida mascota quieres encontrar

Si a tu querida mascota quieres encontrar
Entonces, Celeste, te tienes que arriesgar
Algunas pistas te voy a dar
Para que me puedas encontrar
Sin embargo, sé que fracasarás
Si quieres a las ocho de la noche (mañana) me puedes encontrar
En la calle MARÍA me encontrarás
Vendiendo las mascotas
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ AHÍ  ESTARÉ!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿El ladrón me retaba a encontrarlo?
Esto me sonaba raro; mañana pensaré.

Estuve toda la mañana quebrándome la cabeza y ya son las 6: 00 y no sé quién es el ladrón. Para colmo llueve.

 

Uno 30 min. antes de mi cita  con el ladrón me di cuenta de quien era: Fernando.

Sí, él, tenía las llaves de todas las habitaciones y su zapato roto también ya lo había visto.
  Cuando llegué a la calle él estaba de espaldas, empapado por la lluvia y preguntó:

- ¿Ya sabes quién soy, verdad?
-Sí, eres Fernando
-Eres astuta, Celeste, muy astuta.
-Fernando, ¿Cómo escondiste a las mascotas?
- Fue fácil, se las daba a Lilibeth y ella estaba tan enamorada de mí que nunca sospecharía algo, pero en cuanto te vi supe que eras lista y que te interpondrías en mis planes y entonces para atraerte robé a tu perra dejé la nota y aquí estás, lista para ser aniquilada.

La lluvia me golpeaba en los hombros y no sabía qué hacer, entonces…
- Manos arriba, jovencito, usted está acusado de robar y vender mascotas.

Era la policía, lo que hice fue llamarla desde que descubrí que era él. Sabía que no podría sola. Mientras lo entretuve y entonces llegó la policía. Lo arrestaron y va a tener un juicio justo.
Le expliqué todo a Lilibeth y devolvió las mascotas a sus propietarios, en cuanto a mí regresé a la ciudad no sin antes despedirme de Alfonso y de Harry que estaba tan contento que soltó una bola de pelo.

FIN

Ramiro, 10 años, Buenos Aires, Argentina
EL MISTERIO DE CÚREAS

Hace exactamente 32 años, 5 meses y 6 días en un pequeño pueblo llamado “Cúreas” habitaba un hombre llamado Village. Él era gentil, amable y bondadoso, sus características físicas eran:
Pesaba casi 300 kilogramos, muy alto. Él, física y mentalmente era un gran hombre.
También tenía una hija cuyo nombre era Jessica, tenía 12 años y le encantaba la música. Vivían en una casa mas o menos humilde donde disfrutaban cada momento con su gato Mikel, un pobre gatito que habían encontrado en medio de un callejón, Mikel era... bizco.

Una tarde de tormenta, un campesino del pueblo se sorprende al ver un cuerpo colgado de un mural, clavado con estacas y sangrando, el campesino salió corriendo con un pánico que no le dejaba respirar. A la mañana siguiente, cuando lo reciben los científicos, murmuran:-
La hipótesis nos lleva a la inesperada respuesta... el cuerpo es de Jessica, la hija de village.
Cuando la policía investigaba la “escena del crimen” un oficial encuentra una pista increíblemente útil, un zapato de hombre con agujeros. Los policías recorrieron todas las zapaterías del pueblo buscando donde vendían ese tipo de zapato. El primer interrogatorio fue a un hombre muy joven, dueño de la zapatería más importante del pueblo. Por lo visto no perecía saber nada sobre el tema. Al otro día ocurrió algo inesperado... los cultivos del pueblo y su riqueza en ganadería habían desaparecido observando muy atentamente la policía descubrió una bola de pelo cerca de el lugar de la desaparición y a su lado un paquete de galletas...

El gobierno del pueblo decidió, integrar al caso un detective de primera clase llamado Jonh Lefary. Lo primero que pronunció fue:- ¡ya tráiganme todas las pistas!. –Sí señor- dijo un policía de 2da clase, y le trajo el zapato, el paquete de galletitas y la bola de pelo, Jonh la inspeccionó y murmuró –¡caso resuelto!, ¡llamen al padre de Jessica y al dueño de los cultivos.

El primero en llegar fuel Village con cara de triste anciano diciendo:- que tal señor Lefary, he oído sobre usted, se insinúa que es un gran detective -. No perecía decirlo con toda sinceridad aunque Jonh fingió creerle diciendo:- muchas gracias Sr. Village, quisiera hacerle unas preguntas:- ¿dónde estabas cuando apareció el cuerpo de Jessica colgado? – la verdad es que no lo recuerdo – dijo village con cara de poco interesado en el tema – lo único que recuerdo es que cuando recibí la noticia, no tenía palabras qué decir-. -Por favor ¿me acompañaría hasta su casa? Dijo Jonh tomándolo de la espalda – por su puesto Lefary-

Al entrar el detective fue directamente hacia el cuarto de Village, abrió el placard y... la respuesta a todo había un zapato idéntico al que estaba en la escena con agujeros - ¿qué hace esto aquí Sr.? Dijo Lefary – no lo sé, jamás lo había visto- dijo Village fingiendo cara de impresionado. – sí, como diga señor Village, que le vaya bien en la cárcel, adiós- los policías se lo llevaron sin piedad, a la fuerza, pero.... ¿por qué asesino a su propia hija?

La respuesta es que Jessica le traía terribles problemas económicos y encima a ella no le interesaba nada – yo creo que esos no son motivos para un asesinato- dijo Jonh, - pero... cada loco por su tema ¿verdad? – Y en ese momento se aclaró todo... Village había robado los cultivos y ganadería para cubrir sus deudas, la bola de pelo era pelo de Jessica arrancado por su padre antes de matarla, se le había caído en el momento del robo, el paquete de galletas eran las últimas que comió Jessica antes de morir, se las llevaba de recuerdo...


Y así termina esta historia con un final no del todo feliz pero si interesante.

 

 

María Emilia, 10 años, 9 de Julio, Argentina
MISTERIO ASESINATO Y HORROR

En un pueblo diminuto llamado 9 de Julio una tarde de tormenta pasó algo terrible, una mujer muy rica fue asaltada y asesinada en su casa, le habían robado siete collares de perlas muy valiosas y 12 mil pesos. Llamaron a un investigador muy serio, le dijeron lo que había ocurrido.

Lo más valioso que decía tener la señora era un gato bizco. Por suerte su gato estaba escondido en su casita. Ahora lo único que faltaba era saber quién la había matado. Una niña la tarde del asesinato vio entrar al hombre más gordo del pueblo.

Las pistas que encontraron eran: un paquete de galletas y un vestido lleno de sangre y un zapato roto. Las pistas podían ser falsas, así que fueron a investigar. El  señor gordo dijo que había llevado galletas. Le preguntaron si había perdido algún zapato roto y él les dijo que sí. Le preguntaron cómo lo había perdido, él les dijo que se le había enganchado en el mueble de la cocina.

El señor gordo dijo que había visto 30 minutos después salir a Néstor Befre salir de la casa con una bola de pelo. Fueron a la casa de Néstor y les hicieron un interrogatorio. Le preguntaron si había asesinado a la mujer y él dijo que no. Le preguntaron qué había ido a hacer a la casa. Les dijo que había ido a entregar un vestido y cuando llegó, la mujer ya estaba muerta.

Le preguntaron si había querido hacer algo para limpiar la sangre y él dijo que la había querido limpiar con el vestido. Entonces dijo que había visto matar a la mujer que había sido el gordo. Al gordo lo condenaron a 65 años de prisión.

FIN

Aldana, 10 años, Paraná, Argentina
TARDE DE TORMENTA

Era la tarde del 19 de Agosto, y el caso se presentaba en esa tarde tormentosa, en la que lo único que se escuchaba eran ruidos de truenos.


Una tarde perfecta para cometer un crimen, un crimen tan difícil que el único que podía resolverlo era el Detective Cossino.


Cossino era hombre de familia, y se podía confiar en él. Fue por eso último que la policía del diminuto pueblo de Diminutivo lo llamó para resolver este complicado caso.


El caso transcurrió en el sotanito de una casita de la avenida Central. La víctima: un gato bizco, cual apareció muerto en su cobijita. Los médicos, al tomarle las pulsaciones, concluyeron que estaba muerto.

Los sospechosos: 3. Uno: un ladrón, cual se había equivocado de casa para allanar, y creyendo que el gato sería capaz de delatarlo. Dos: la vecinita de al lado, una niña muy caprichosa, cual siempre odió al gato, porque era mucho más bonito que el Señor Pepito, su gato. Tres: el señor más gordo del pueblo, vecino de enfrente, ya que detestaba sus maullidos fuertes a la hora de la siesta, y declaró que haría cualquier cosa con tal que se callara. Las pistas: una bola de pelo, un paquete de galletitas, un zapato roto y unas marcas de pisadas, que, por bastante confundir, conducían a dos casas de la escena del crimen, donde vive un reconocido artista local: Don Chiquilín.


Don Chiquilín se hizo famoso en el pueblito de Diminutivo por su tema “Haz que se calle” en el cual el cantante hacía alusión a una persona que no es nombrada, cual dice “si habla demasiado, tú ya sabes que hacer: ¡Haz que se calle!” y, según se dice, este hombre, a la hora de la siesta, se ponía a practicar sus canciones.

Pero un día desafinó horriblemente y ahora no sólo perdió su fama, sino su reputación.
Cossino, ya casi  “descubriendo” el crimen, le faltaba una pieza para terminar el rompecabezas: El paquete de galletitas.


Las galletitas eran de la marca “Ricosos” y eran de chocolate. Y también eran la edición limitada llamada Oro Total, y costaba un dineral.


De modo de que el caso estaba resuelto.

Resolución
Cuando Don Chiquilín desafinó, fue porque el gato interrumpía sus canciones de práctica.
Entonces, decidió vengarse. Iría a asesinar al gato.


Don Chiquilín, de tan pobre que quedó, usaba zapatos rotos. El gato, que previamente soltó una bola de pelo, estaba cómodamente dormido. Don Chiquilín, en la escena, perdió uno de sus zapatos, y a la vez dejó marcas de pisadas, lo suficiente para desenmascararlo.


¿Y el paquete de galletitas “Ricosos”? Fácil. Según los rumores que había iniciado su ex-novia, Don Chiquilín no podía dormir sin su tesoro más querido: Uno de los muy pocos Ricosos edición limitada, cual “olvidó” en la escena del crimen. 


CATEGORÍA 12 y 13 años

El jurado eligió a Daniela, 12 años, México, México, como ganadora. Los chicos y escritores también votaron por su texto.

¿QUÉ LE PASÓ A LAS GALLETAS?

Era una tarde nublada pero calurosa de verano en Pizcornia. Pizcornia es un pequeño pueblo pintoresco y sólo está habitado por unas trescientas personas lo que nos permite tener un ambiente bastante bonito y pacífico, aunque claro, hemos llegado a tener ciertos problemas pero nada del otro mundo. Yo estaba muy cómodamente acostado en mi camita de algodón y Priscila, mi dulce dueña, estaba horneando unas deliciosas galletas de chocolate con chispas con su hermano Tomás quien le estaba ayudando a empaquetarlas, para luego venderlas entre los residentes del pueblo y comprarse unas súper lujosas y muy caras bicicletas que habían visto en una tienda cerca del centro.

¡Ding-Dong! Afuera de la casa los esperaban sus amigos Juan, Pedro y Lucía que habían planeado ir a jugar football al parque con ellos. Tomás y Priscila salieron corriendo de la casa. Lo hicieron tan rápido que se les olvido cerrar la puerta y sus padres no estaban en la casa para cerrarla. El delicioso aroma de las galletas recién horneadas se podía oler desde la calle. Priscila y su hermano se estaban divirtiendo ¡muchísimo! pero comenzó a chispear y tuvieron que regresar.

Para cuando llegaron a su casa ya había comenzado toda una tormenta. Los niños se llevaron una gran sorpresa al ver que ¡las galletas habían desaparecido! y lo único que quedaba era el paquete que los niños usaban para meter las galletas que se les rompían al sacarlas del molde. Sin consuelo alguno Priscila y Tomás se pusieron a llorar.

Como la mascota de la familia no podía soportar ver a mi dulce Priscila llorando por el acto de un criminal sin sentimientos, así que de inmediato fui a despertar a mi ayudante, el gato bizco de la vecina más chismosa del pueblo que siempre me regañaba por cavar agujeros en su jardín, pero no es mi culpa, soy un perro, está en mi naturaleza. Bispireto tenía una apariencia muy inocente, especialmente por ese problemilla con sus ojos, pero en realidad es todo un genio y aunque mucha gente ignorante dice que los gatos y perros no se llevan bien, Bispireto y yo somos los mejores amigos y también somos detectives profesionales. En nuestro caso pasado ayudamos a la dueña de Bispireto a averiguar quién había maltratado sus rosas, obviamente me culpó a mí, pero había sido Lou, el gato de Pedro, que estaba intentando cazar una rata que lo había estado fastidiando desde una semana atrás, pero esa es otra historia. Encontré a Bispireto jugando con una bola de estambre y le dije:

-Bispireto no es tiempo para juegos, hay un misterio muy dulce que debemos resolver, está vez no es una metáfora.
- ¿De que hablas Chuk?
- Hablo de un criminal que se infiltró en mi casa cuando yo descansaba. Se llevó las galletas que Priscila y su hermano cocinaron con tanto esmero para comprar esas nuevas bicicletas.
-¿Por dónde comenzamos?
- Básico mi querido Bispireto. En donde todo comenzó. En donde alguien se robó las galletas. En donde sólo el viento vio lo que sucedió. En  ¡La escena del crimen!
- Cálmate Chuk si no va a parecer una obra de teatro.
- Ya basta de burlas hay que poner patas a la obra.

Una vez en la cocina note que Priscila ya no estaba llorando aunque aun se veía un poco deprimida, eso me dio mayores razones para comenzar a investigar. Este inicio no fue muy alentador porque el criminal no había hecho ningún cambio en la cocina, sólo que el horno donde estaban horneando las galletas estaba apagado y Priscila, muy descuidada por cierto, lo había dejado encendido, bueno, también está el detalle de que las galletas no están. Al principio sospeché del señor Hoskings que no es sólo el señor más gordo del pueblo, sino que también  es muy famoso por ser adicto a las galletas de chocolate, pero como dice la gente ¡no puedo culpar a alguien sin antes tener hechos que respalden mi acusación!
-Bispireto ¿has encontrado algo?
- No. Pero aunque no lo creas eso es una pista.
-¿Cómo es posible eso?
- Veras Chuk. El señor Hoskings no pudo haber sido el ladrón porque conociéndolo no se habría resistido a abrir un paquete de galletas y comerse su contenido al instante. Si él se hubiera comido las galletas habría migajas por todas partes y un paquete vacío en el suelo y como no es así él no pudo haber sido, además el paquete con las galletas rotas sigue intacto y rotas pueden estar pero su sabor no ha de cambiar.
-Bueno, pero de todos modos hay que mantenerlo vigilado.

Necesitaba salir a tomar aire y le pedí a Bispireto que me acompañara porque el aire fresco me ayuda a acomodar mis ideas. Al salir de la casa notamos que había unas marcas de algo que podría ser una bicicleta o un monopatín, pero no les hicimos mucho caso. Decidimos dar un paseo por el parque y detrás de un árbol vimos lo que parecía ser la forma de un perro escondido detrás de unos inmensos robles. Y sí. Era mi viejo amigo Rotni, el perro de Maria y su hermanita Zara, un Coquer Spaniel algo travieso y energético. La forma en la que se encontraba escondido y nervioso era bastante sospechosa así que decidimos ir a interrogarlo.

-Buenas tardes Rotni ¿Cómo has estado?
-Yo no fui.
-Rotni, Rotni, cálmate no sé de qué hablas.

-Ah sólo eres tu Chuk ¿Qué cuentas?
-Nada bueno. Veras Rotni, parece ser que algún criminal se infiltró en mi casa y se llevó unas galletas que Priscila y su hermano estaban preparando.
  - ¿Galletas? Yo no sé nada.
-Ah no entonces… ¿Qué es esto?
Bispireto señaló un pequeño agujero donde estaba escondido un paquete vacío de galletas.
- Eso no es nada.
Bispireto comenzó a irritarse así que empujo a Rotni contra un árbol y lo amenazó para que confesara en dónde había conseguido las galletas.
-Te lo advierto Rotni tengo una bola de pelos y no dudaré en arrojártela si no me dices en dónde conseguiste esas galletas.
-Está bien lo confieso le quité estas galletas a Zara. María está fuera de casa y ella es la que me da de comer y nadie más recuerda que yo tengo que comer, así que vi a Zara con el paquete de galletas y no pude resistirme a brincarle encima y quitarle las galletas, luego me arrepentí pero no quise volver para que me regañaran así que me vine a esconderme aquí para comerme las galletas antes de que los padres de Mari y de Zara se enteren.
-Vamos Rotni no mientas y así será más sencillo.
Bispireto escupió la bola de pelos y se la hubiera lanzado a Rotni pero intervine justo a tiempo.
-¡Alto!
-¿Qué sucede Chuk?
-Bispireto, Rotni no fue el culpable.
-Sí. Yo no tengo nada que ver.
-¿Cómo lo sabes?

-Básico mi querido Bispireto, Rotni es bastante corto de estatura y él no llega a alcanzar el botón para apagar el horno, que como ya había mencionado, Priscila había dejado encendido. Además las marcas de monopatín aparecieron hoy y es imposible que cualquier mascota del vecindario se haya subido al monopatín y conducirlo hasta mi casa, así que de lo que estoy seguro es que el criminal no es un animal.
-Entonces hay que empezar a investigar.
-Pero sólo por si acaso debemos comenzar a investigar en la casa de Rotni.
-Por cierto ¿a dónde se fue?
- Bueno ya lo conoces con lo energético que es ya ha de andar corriendo por todo el pueblo.
-No hay tiempo para buscarlo tenemos que comenzar a investigar.

Bispireto y yo fuimos a casa de Rotni y para nuestra suerte llegamos justo cuando ellos se estaban yendo y parece ser que no volverán hasta dentro de una hora. Primero intentamos por la puerta principal pero estaba cerrada, si a Bispireto no le hubiesen cortado las uñas hubiera podido utilizar una de sus garras como llave, pero no fue así.

Después intentamos buscar una puerta para perro, pero claro, Rotni es tan inquieto que tenerlo en la casa sería como una bomba a punto de estallar. No tuvimos más opción que entrar por la ventana, pero como estaba tan alta Bispireto tuvo que trepar a un árbol y   después de un salto espectacular alcanzó hacia la ventana. Como muchos sabrán los perros no podemos escalar, así que Bispireto tuvo que entrar solo y yo me quedé a vigilar.

La cocina era bastante amplia, tenía las alacenas hechas de madera y la pared estaba forrada por una piedra de color rojo brillante llamada Tikul. En el centro de la cocina había una mesa rectangular que tenía unos cuadros de cristal en las orillas. Antes, en mi casa, teníamos una mesa similar, pero la mamá de Priscila prefirió venderla porque era mucho trabajo tener que lavar los cristales para limpiarlos cada vez que acababan de comer. Bispireto estaba inspeccionando unas bolsas que había sobre la barra y no encontró nada de interés. A un lado de las bolsas había un frasco de barro para las galletas con forma de una vaca cocinera y estaba semi llena con las galletas de Priscila y su hermano y atrás del frasco estaba un paquete recién abierto de las mismas galletas.

Bispireto salió corriendo de la cocina, brincó a una rama del árbol y saltó hacia el suelo y como todo buen felino, cayó de pie. Creo casi imposible que Maria y su hermana hayan tomado las galletas porque María estaba en la casa de su primo en San Luis y Zara sólo tenía 3 años y sus padres la vigilaban como unos buitres que acababan de encontrar a su presa.

Al ver que no progresábamos mucho me tuve que arriesgar a preguntarle a uno de los espías más audaces y tramposos del pueblo. Kiviky un colibrí que le gustaba  escuchar las conversaciones secretas de las personas para después amenazarlos con publicar sus secretos. Encontré a Kiviky escondido en un callejón oscuro. El colibrí estaba planeando el modo de  entrar a la casa del señor Hoskings para ver qué secreto le podía sacar a su hijo Peter.

-Aaah….. Chuk. ¿Qué hace alguien de tu clase por esta zona? Lo dijo en un tono burlón bastante fastidioso.
-Kiviky, necesito que me des algo de información sobre un reciente robo en mi casa.
-Así que los rumores son ciertos un astuto ladrón logró burlarse del gran detective Chuk metiéndose a su casa justo debajo de sus narices.
-Yo tengo lo que quieres y tú tienes algo que yo quiero. El trato es el de siempre me das 3 galletas de vainilla y yo te doy información sobre el paradero del botín.
- Bispireto dale sus galletas.
-Lo siento Chuk en tu casa no habían galletas y en mi casa sólo quedaba una.
-Si no hay galletas no hay trato.
-Bueno. Entonces nos iremos. Conozco a un ruiseñor que nos puede dar la información  recibiendo como paga sólo una deliciosa, suave y dulce galleta de vainilla.
-Está.... bien aceptó la galleta, pero con media paga reciben media respuesta.
-En la calle donde vive Rotni todos los vecinos tienen como mínimo un paquete de galletas lo que  puede significar que el ladrón no se quedó con las galletas sino que las esparció por la calle, pero “deben observar que las respuestas de un sólo lado están” eso es todo lo que les puedo decir.

Con sólo eso como pista regresamos a nuestras casas. Ya era de noche así que llegué directo a mi cama y supongo que Bispireto hizo lo mismo porque de pronto comenzaron a escucharse unos ronroneos seguidos de unos fuertes ronquidos. Yo no podía dormir, estaba tratando de descifrar el acertijo que Kiviky me había dado: “deben observar que las respuestas de un sólo lado están”. De un sólo lado… mmmm… qué significará “un lado” puede ser “los buenos y los malos”, puede ser “derecho o izquierdo”. Sin darme cuenta el sueño me venció y me quedé profundamente dormido.

A la mañana siguiente me levanté justo cuando los niños se iban a la escuela en bicicleta. Antes de salir su mamá les gritó: “Niños recuerden ir de un sólo lado de la calle por que si van de un lado a otro los pueden atropellar”.

Claro. Cómo pude haber sido tan poco observador. Las galletas estaban dispersas únicamente por el lado derecho de la acera así que tengo que ir a interrogar a las mascotas que habitan de ese lado de la acera.

Estaba a punto de irme pero la mamá de Priscila lo notó y no me dejó ir. Me cargó, me olió y dijo: “Por dios Chuk hueles terrible necesitas un baño urgente”. Odio que me bañen, además estoy en medio de un caso y no tengo tiempo para esto. Por más que me resistí no pude escapar. Primero me llevó a la elegante tina del baño me metió y me hecho agua helada con una manguera.

-Basta. Basta. El agua está helada porque no entiendes me va a dar pulmonía. Cielos. Qué te pasa. Me voy a enfermar. Me desespera el hecho de que no me puedas comprender. No tuve más opción que aceptarlo. Después del congelado baño me secó un poco con la toalla y me pasó un cepillo. Eso no estuvo tan mal, se sentía como un masaje. Luego vino lo realmente feo, la mamá de Priscila está obsesionada con todo eso de vestir y de ponerle moñitos a los perros.  Si al menos me vistiera con un traje de detective, aunque no me sentiría muy cómodo, no me humillaría tanto. Pero no. Me puso un horroroso traje de marinero con un sombrero blanco, tengo suerte de no ser perrita sino me hubiera vestido con un traje de la Cenicienta o algo así. Para acabar de humillarme cuando regresó Priscila de la escuela le dijo que me llevara a dar un paseo y así lo hizo. Todos se burlaban de mí al pasar, incluso Bispireto me dijo: “Hola marinerito ¿Dónde dejaste tu barco?” Primero sólo le dimos una vuelta a la calle después me llevó al parque y yo sentía que se me caía la cara de vergüenza, como iba a ser un detective respetado si me humillan de esta manera.

Pasamos por la calle donde viven Rotni y el señor Hoskings. Priscila se paró a descansar. Yo hice lo mismo, pero cuando nos íbamos pude ver que Peter Hoskings estaba saliendo de su casa en un monopatín. Y afuera de su casa había unas marcas muy similares a las que habían aparecido afuera de mi casa. Yo comencé a ladrar. Tenía que ir a investigar. Tenía el presentimiento de que la respuesta estaba en la casa de Peter.

Yo habría salido corriendo detrás de Peter pero no pude por que una cadena me detenía del cuello. Esa cadena a la que muchos temen. Esa simple cadena era lo único que había entre las respuestas y yo ¿Por qué los humanos no entienden? ¿Por qué no se esfuerzan por escuchar a los demás? Si cuando menos lo intentaran el mundo sería mucho más sencillo ¿Por qué ni siquiera se pueden entender entre ellos? yo estaba enojado  pero no podría liberarme al menos que mordiera a Priscila pero quiero tanto a esa niña que sería incapaz de lastimarla. No tuve más opción que tranquilizarme y obedecer. Dejé que Priscila me cargara y me llevara a casa. En cuanto llegue fui a quitarme la horrorosa ropa y corrí a casa de Bispireto.
-Miren ya llegó el marinero Chuk.
-No hay tiempo para burlas ya encontré al criminal.
-¿Si? ¿Quién es?
-Peter el hijo del señor Hoskings.
-Muy bien señor capitán como planeas decirle a Priscila y a Tomás quién fue el ladrón.
-Básico mi querido burlón hay que cachar al criminal con las manos en la masa. Para hacerlo necesito que hagas que Peter regrese a su casa y yo llevaré a Priscila y a Tomás para allá. Una vez ahí le enseñaré el Paquete de galletas y Peter tendrá que confesarlo.

Bispireto alcanzó a Peter en el centro y fingió que lo había atropellado con el monopatín. Al ver lo que pasó, Peter se bajó del monopatín para ver de cerca a Bispireto. Bispireto empezó a maullar de un modo muy triste y dramático, después dobló su pata derecha delantera y se la empezó a lamer. Peter pensó que se la había roto así que lo cargó y lo llevó a su casa. Mientras tanto yo había descubierto el modo de llevar a Priscila y a su hermano a casa de Peter. La fiesta de 12 años de Priscila iba ser dentro de una semana y ella se había comprado unos bonitos zapatos rosas con diamantina, pero Tomás accidentalmente había roto el seguro de uno de ellos y para arreglarlo intentó pegarlo con silicón, pero no tuvo paciencia y le puso el otro zapato encima cuando el silicón seguía fresco y se quedó pegado. Para despegarlo se le ocurrió jalarlo pero la tela se le desgarró dejándole un enorme agujero. Obviamente Priscila se enfadó, pero su mamá dijo que los podían llevar a arreglar a una zapatería. Frente a Priscila tomé el zapato roto y salí corriendo asegurándome de que me siguieran. Y así fue, corrí hacía la casa de Peter con Priscila y Tomás detrás de mí.

Bispireto y Peter ya habían llegado y dejaron la puerta abierta así que corrí a la habitación de Peter. Peter le estaba dando una de las galletas a Bispireto en la cocina. Yo puse el zapato roto al lado de unas diez cajas de las galletas pero Priscila y Tomás todavía no llegaban así que me asomé por la ventana para que pudieran verme y subieran por mí.

-Chuk vuelve aquí perro desobediente.
-Tomás córrele Chuk se metió a casa de Peter y tenemos que sacarlo.

Los niños tardarían unos dos minutos para llegar y Bispireto mantuvo ocupado a Peter. Eso me dejó tiempo para observar la habitación. Estaba pintada de color azul claro, tenía unos estantes de madera en forma de barco donde estaban guardados unos juguetes. Había una cama inmensa con unas sábanas blancas con azul. En la pared había varios cuadros de barcos.
-Chuk ¿Qué haces aquí? De seguro Priscila y su hermano han de estar preocupados por ti.
-Peter. ¿Podemos pasar? dijo Priscila. Es que vimos que Chuk estaba aquí.
-Sí claro.

Detrás de Priscila llegó Tomás. Tomás vino directo hacía mí y Priscila fue a recuperar su zapato roto y se llevó una gran sorpresa al ver los paquetes de galletas.
-Peter ¿Por qué están aquí las galletas que Tomás y yo hicimos?
-Mira Priscila no te enojes. Porque tú me dijiste que podía llevarme las galletas.
-¿De qué hablas? Yo no dije tal cosa.
-Bueno no lo dijiste con esas palabras. Recuerdas que el viernes de la semana pasada en la salida de la escuela yo te pregunté si te podía ayudar con lo de las galletas. Tu traías tu Ipod puesto, pero supuse que me habías escuchado porque me dijiste que sí. El sábado en la tarde fui a tu casa y como vi que ya habían hecho las galletas supuse que yo las tenía que vender y después ya no te dije nada porque no me dio tiempo.
-O sea que ¿tú tuviste las galletas todo el tiempo?
-Sí.
-¿Y que tal se vendieron?  
-De las treinta cajas que eran ya nada más me quedan esas diez.
-Bueno. Gracias por ayudarnos y perdón por acusarte de ladrón.
-En cierto modo fue mi culpa por no avisarles.
-Bueno. Volviendo a lo de las galletas ¿Cómo le vamos a hacer con las ganancias? Dijo Tomás.
-Yo pienso que debemos vender las últimas diez cajas y al final veremos para cuántas bicicletas nos alcanza y luego ya veremos. Dijo Priscila.
-Me parece justo.

Después de eso Peter y Bispireto se fueron a comer a mi casa para celebrar que encontraron las galletas. En forma de agradecimiento me regalaron un enorme hueso de carnaza que no resistí a enterrar en el jardín de Bispireto y una salchicha que me comí al instante. A Bispireto le dieron una bola de estambre morada y una lata de comida para gatos. Peter, Priscila y Tomás se pusieron a vender las últimas cajas pero sólo les alcanzaba para comprar dos bicis, así que en vez de comprarse las súper lujosas bicis decidieron comprar tres más baratas porque no sería justo que Priscila y Tomás tuvieran dos lujosas bicis y Peter se quedara sin nada.
-Chuk. ¡Hay problemas!
-¿Qué sucede ahora Bispireto?
-Parece ser que alguien dejó una manguera abierta en el parque y éste se inundo por completo.
-Vamos Bispireto no hay tiempo que perder. Tenemos un nuevo caso que resolver.