Juani y Toño Monteverde López eran un niño y una niña como cualquiera, aunque tenían unos padres llamados Carlos y Merche que se pasaban todo el tiempo enfadados y nunca se ponían de acuerdo en nada de lo que hacían. Si uno quería ir al cine, el otro quería pasear por el parque, y cuando uno quería comer un cocido madrileño, el otro quería fabada. En el único momento en que se ponían de acuerdo era en el momento de ir al baño. Ambos querían entrar al mismo tiempo y se ponían nerviosos cuando el otro se adelantaba. Si Carlos decía blanco, Merche decía negro, y si ambos querían gris, uno lo quería claro y el otro oscuro.

 

 

 


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