María no sabía que aquel sonido que oían cuando jugaban por la noche en el castillo, no era lo que parecía. Siempre creyeron que el fantasma del castillo tenía una respiración pesada, como la de alguien que camina cansado y le cuesta respirar. Les daba miedo, pero a la vez ese sonido era como un imán y no podían evitar seguir yendo a jugar allí. Al cabo del tiempo llegaron a acostumbrarse y ya no le prestaban atención.

Una noche de luna llena, decidieron jugar al escondite. María contó hasta 50 y al grito de “¡ronda, ronda el que no se haya escondido que se esconda y sino que responda!”, fue en busca de sus amigas y de sus amigos. Encontró a Liliana, a Paco, a Fran, a Dora..., pero ¿dónde estaba Jonás?

 

 

 


Volver al INICIO