De pronto un escalofrío recorrido la espalda de todos. Pensaron en la escalera que terminaba en un torreón vacío sin techo y sin suelo. Subieron corriendo y respiraron profundamente.., no había ido allí. Le buscaron entre las zarzas, entre las piedras caídas, detrás de los chopos..., nada, no aparecía, solo faltaba buscarle en aquella torre donde jamás entraban. La torre donde vivía el fantasma cansado.

Entonces, cogidos de la mano se encaminaron hacía allá y con los ojos abiertos tanto, como la luna llena, se quedaron mirando algo que ni siquiera en sueños hubiesen podido ver: Jonás, sentado entre las zarzas, acariciaba una lechuza que… ¡Respirara igual que un hombre cansado!

 

 

 


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