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A todos los Nels que ya habían nacido con ese nombre se les ocurrió acompañarlo con un segundo nombre, como NelNel, SimoNel, Nelita o ManNel. Hoy en día en Nel casi nadie se llama Nel, pero lo importante de esta historia es el hecho de que parte de nuestra identidad es el ser y sentirnos diferentes unos de otros y parte de esa diferencia está en nuestros nombres, que al igual que nuestra nacionalidad no nos hacen mejores, ni peores que otros, pero si nos ayudan a diferenciarnos de los demás. Y a eso tenemos derecho todas las personas. FIN |
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