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Me llamo Nadîm Zahîr Mustafá y quiero contarte el secreto para llevar una vida sana de verdad. Verás, yo vivo en
una aldea plantada en medio de un oasis.
El aire está tan limpio que se pueden contar una a una las estrellas.
Los árboles, tan grandes como gigantescos paraguas, nos protegen del
ardiente sol. Como vivimos en un oasis, podemos cultivar verduras y
cereales que nos mantienen bien alimentados al ahuyentar
la desnutrición. Debes saber que
el agua sale pura y cristalina de un pozo que llega casi al centro de
la tierra y que las casas están tan aseadas que no pueden entrar las
enfermedades. |
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En realidad pocas enfermedades se filtran en la aldea porque los niños y las niñas estamos vacunados. Cada cierto tiempo, llega hasta aquí una caravana de camellos cargados con frigoríficos que funcionan con energía solar por lo que las vacunas se mantienen en buen estado durante el viaje. Bueno, pero no te creas que es todo tan bonito porque, hasta hace bien poco, teníamos un gran problema y es que no había ni un centro de salud en la aldea. Menos mal que Akilah Amala Ghubta volvió a casa cuando acabó de estudiar medicina. Antes de que ella regresase, yo sufrí un accidente un poco aparatoso y es que me caí de cabeza de una palmera. Mi padre y mi madre me llevaron a la ciudad atravesando el desierto. Durante el camino me alimentaron con todo el amor que tenían, ahuyentando el dolor con besos y abrazos. Cuando llegamos al hospital, el médico me curó la herida cosiéndomela con tantos puntos que mi cabeza parecía una caravana de hormigas. Volví enseguida a mi aldea donde todos me recibieron con gritos de alegría que, mientras estuve convaleciente, se transformaron en voces que contaban cuentos, chistes y acunaban mis sueños con sus cantos. La caravana de hormigas pronto quedó cubierta por la espesa hierba de mi pelo y enseguida pude volver a la escuela. |
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